por JOSÉ REPISO MOYANO*
La bondad cómoda y la bondad trabajada
AY QUIENES que, desde que nacen, ya cuentan con casi todo:
con demasiados recursos y con demasiadas atenciones; y
cómodamente no tienen por qué pugnar por lo más
imprescindible, aquello que sí es muy importante desde siempre
y para la mayoría.
No tienen que luchar vitalmente en el día a día por cada
obstáculo, por cada contra a la que otros se encuentran
sometidos con el sobreesfuerzo, con el desconsuelo o con
la desprotección, en las recaídas, en el enfado y en el desenfado.
Como cuentan con apoyos no necesitan arriesgar la obediencia,
la simpatía acaramelada ni la pasividad que defienden ante todo
lo que obligatoriamente hay que levantar la voz -para que la
escuchen-, estar en desacuerdo, tomar partido o posición,
rebelarse, manifestarse o mojarse hasta el...trasero.
En efecto, están tranquilos -porque lo que causa intranquilidad
lo desconocen- y también predispuestos a vender esa imagen
bendita de que no ponen contras, son muy buenos, son muy
guapos para que no cambien sus privilegios; puesto que no han
estado vinculados al padecer continuo de quien se destempla
-y no puede ser de otra manera- porque le han asesinado a
sus hijos mientras la Justicia le da de lado, por ejemplo.
Y es que no tienen motivos -se les dio papillas hasta por el
culo- para arriesgar mucho sacrificio meramente por sobrevivir,
y también por no consentir lo que ya saben de sobra, por los
demás. Sin embargo, Miguel Hernández, Pablo Neruda o César
Vallejo ya tuvieron que gritar y sacrificar bastante para otro
tipo de bondad alejada la esa "pija" o del sórdido protocolo que
engrandece a las santas mentiras.
"Castiga a quien te malhiere mientras te queden puños" dijo
Miguel Hernández; por eso es muy malo. Con elegancia, en
cambio, los "pijos" sólo tienen que decir piropos y piropos a los
poderes que les protegen y, además, consentirlo todo
implícitamente.
Existe una bondad que es la auténtica, que es la que no calla
y busca la dignidad hasta del último ser humano, que malhiere
diariamente las injusticias, que grita, y que no ha vendido aún
su voz; esa bondad bien existe, pero importa poco a los que
sólo halagan sus imágenes, sus cuentas corrientes y con una
opinión de simpatía consienten lo mismo el terrorismo de
Estado que derroches del dinero público para comprar armas
o para la publicidad de sus campañas electorales de "bondad".
*José Repiso Moyano es escritor.
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