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 Domingo, 6 de junio de 2004

por JOSÉ REPISO MOYANO*
Las perspectivas

ARA PERCATARSE uno de una realidad no es obligatoria -ni existe- una perspectiva, porque no existen puntos fijos -ni las imágenes supuestamente fijas describen fielmente la realidad-, sino una dilucidación coherente: un discernimiento, una relación y, finalmente, una disertación.

Algo tiene -de hecho- infinitas perspectivas; también toda opinión tiene varias, no una como se sostiene. No obstante, las necesarias son pocas, unas que son imprescindibles al lado de muchas que sobran o, bien, que son una pérdida de tiempo. Por ejemplo: el ver una moneda en una de sus caras permite incontables, pero sólo es suficiente la que va vertical a su centro, ya que muchas y las más cercanas son como contarle células a un ser vivo para confirmarle su existencia. Algo vano.

Lo que quiero decir es que no poseen las cosas una perspectiva de la cual dependen para existir, sino que las perspectivas discurren en nuestra memoria y son las pruebas de coherencia o de racionalidad las que dan una determinación fiel para confirmar las cosas, es decir, como que son así.

Darwin no agotó todas las perspectivas de la evolución de las especies, sólo estaba frente a su explícita racionalidad, frente a indicios o resultados que sólo podrían ser por unas causas en concreto. Descubría, pues, no por perspectivas, sino por una objetivación científica, por resquicios de lo que había actuado, por despejar lo que no es causa o principio racional de lo que ya hay como consecuencia.

Entonces, la racionalidad no depende de cómo se vea, sino de elegir más que nada el cómo ver con respecto a unas prioridades de coherencia o de análisis; y de saber, también, eliminar aquello que no guarda una relación con lo que se analiza. Por eso es tan importante el discernimiento, por no confundirse uno mismo relacionando una cosa con otra al primer capricho. Sí, una cosa guarda -consiste en guardar- una relevancia con respecto a unas cosas en concreto; sin embargo, otras les son directamente irrelevantes. Como el mezclar una ideología política con la velocidad del sonido por ejemplo.

Si pensamos, en seguida nos damos cuentas de que no tenemos una perspectiva sobre algo, sino muchas: las que nos han dado los autores de los libros que nos han enseñado, las de nuestras muchas experiencias, las de nuestras propias voluntades al deshacernos de prejuicios, las que están condicionadas a unos principios éticos, etc. Es así.


*José Repiso Moyano es escritor.

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