Domingo, 6 de junio de 2004

COLABORACIONES
La bondad cómoda y la bondad trabajada
por JOSÉ REPISO MOYANO*

Hay quienes que, desde que nacen, ya cuentan con casi todo: con demasiados recursos y con demasiadas atenciones; y cómodamente no tienen por qué pugnar por lo más imprescindible, aquello que sí es muy importante desde siempre y para la mayoría.

No tienen que luchar vitalmente en el día a día por cada obstáculo, por cada contra a la que otros se encuentran sometidos con el sobreesfuerzo, con el desconsuelo o con la desprotección, en las recaídas, en el enfado y en el desenfado. Como cuentan con apoyos no necesitan arriesgar la obediencia, la simpatía acaramelada ni la pasividad que defienden ante todo lo que obligatoriamente hay que levantar la voz -para que la escuchen-, estar en desacuerdo, tomar partido o posición, rebelarse, manifestarse o mojarse hasta el...trasero.

En efecto, están tranquilos -porque lo que causa intranquilidad lo desconocen- y también predispuestos a vender esa imagen bendita de que no ponen contras, son muy buenos, son muy guapos para que no cambien sus privilegios; puesto que no han estado vinculados al padecer continuo de quien se destempla -y no puede ser de otra manera- porque le han asesinado a sus hijos mientras la Justicia le da de lado, por ejemplo.

Y es que no tienen motivos -se les dio papillas hasta por el culo- para arriesgar mucho sacrificio meramente por sobrevivir, y también por no consentir lo que ya saben de sobra, por los demás. Sin embargo, Miguel Hernández, Pablo Neruda o César Vallejo ya tuvieron que gritar y sacrificar bastante para otro tipo de bondad alejada la esa "pija" o del sórdido protocolo que engrandece a las santas mentiras.

"Castiga a quien te malhiere mientras te queden puños" dijo Miguel Hernández; por eso es muy malo. Con elegancia, en cambio, los "pijos" sólo tienen que decir piropos y piropos a los poderes que les protegen y, además, consentirlo todo implícitamente.

Existe una bondad que es la auténtica, que es la que no calla y busca la dignidad hasta del último ser humano, que malhiere diariamente las injusticias, que grita, y que no ha vendido aún su voz; esa bondad bien existe, pero importa poco a los que sólo halagan sus imágenes, sus cuentas corrientes y con una opinión de simpatía consienten lo mismo el terrorismo de Estado que derroches del dinero público para comprar armas o para la publicidad de sus campañas electorales de "bondad".


*José Repiso Moyano es escritor.

 

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