Lo alto y lo bajo, lo largo y lo estrecho, no afectan a la materia,
no son más que útiles de un artificio, recurrencias que vetan
el concepto general o concreto del espacio y que, para
confusión, permiten una salida demasiado fácil a algo tan
complejo y tan "desconocido". Además, si todas las cosas
están en continuo movimiento ¿por qué encubrir al espacio
en una concepción fija, sin protagonismo propio, como
sujeto o condicionado a que las cosas sean las que se sitúen
en él? Teniendo en cuenta que las leyes indefectibles o
principios físicos, aun siendo constantes, son activos.
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Lo que quiero decir es que hay cierta dejadez a la hora de
encajar coherentemente el concepto de espacio con una
sinopsis simplista o estática: sólo sobreestimada o dimensional,
referencial meramente por lo que contiene.
No es vano añadir que la existencia así concebida -o con otra
variante- del espacio no "descarta" la existencia de otros tipos
de espacios posibilitándose con ello el carácter activo de todo
lo que existe; ya que esto evitaría su determinación puntual,
fija.
Aún más, el espacio únicamente lo dimensiona el ser humano
en "una situación concreta de lo posible" -un lugar en el lugar-
y, asimismo, lo percibe reducido, descontextualizado quizás
o mínimamente en su globalidad.
Es algo, algo más complejo sin duda; al igual que la vida, que la
conoce como un hecho derivado de lo multicausal, el espacio
tiene por descontada esa denominación de origen o, bien,
no claro el mecanismo por el que es, por el que sustenta
una concernencia con todas las demás existencias.
Por ello, el espacio es un concepto abstracto del que queda
por decir y por determinarse mucho más, y por aclarar qué
"funciones dimensionales" le son propias.
*José Repiso Moyano es escritor.