por JOSÉ REPISO MOYANO*
Contra la impunidad y el olvido
UANTAS VECES sea necesario, porque pertenece a la Historia, se debe decir
que en la España del 36 el poder militar se sublevó contra su población
civil; luego la desgastó social, política y económicamente y, pormenorizando,
pueblo a pueblo fue sometido a vejaciones en sus libertades, al aislamiento
y al analfabetismo dentro del país que siempre ocupó uno de los primeros
puestos entre los más desarrollados del mundo.
Entonces, aprovechando una España pobre y aislada, los ligados al régimen
militar adquirieron todo tipo de privilegios o los usurparon, mientras que
por poca educación se enseñó un nacionalismo "divino" y fundamentalista, se
persiguieron ideologías, se reprimió de todo menos el trabajar sin derechos
para los oligárquicos y... callar.
No obstante, lo grave es algo más; es indudablemente cierto por hechos
muy bien hechos y por documentos históticos nacionales, internacionales
y universales de que el generalísimo Franco -o su política dictatorial de
hechos- aprobó el gobierno nazi. Lo consintió, lo admitió y se benefició
de él: prueba de ello es la colaboración del bombardeo aéreo que recibió
de él. ¿Quién colabora con quien no tiene alguna amistad o aceptación?
Asimismo, Franco "con gracia de Dios" y con una diplomacia entre
ultranacionalistas de elite quiso ser ayudado a que los comunistas no
asesinados por él, porque escaparon a Europa, tuvieran su merecida
persecución y exterminio. Se logró en parte el objetivo.
El "santo" de Franco no pudo intervenir en la contienda bélica
internacional, sí, porque aún no estaba plenamente organizado
como dictador para dictar sobre esa España demacrada por su terror;
pero esto no restó para escudarse y protegerse en el propio nazismo.
Durante cuarenta años fue la España de la intolerancia, del miedo, del
engaño, del disfrute oligárquico, de la pobreza y de la "derecha santista"
que quería conservar sus privilegios heredándolos después en la transición
de la que estaban enamorados, porque no perdían nada ni tenían que
disculparse de nada -ya habían "ganado" demasiado-. Y para más alegría
todos o casi todos siguieron políticamente gobernando de uno u otro
modo.
La gente, ¿qué iba a hacer?, todo lo que le vino de libertad y de
improviso lo agarró ansiosamente sin llegar a profundizar en más: hasta
ese momento España contaba con exiliados políticos en todo el mundo,
los fusilados por el régimen "santista" sumaban miles y miles, la economía
española de ser de las poderosas de todo el mundo pasó a ser una
iniciada en el desarrollo.
La Constitución fue un gran logro, pero también fue una gran mentira.
Ésta significó una vacuna contra ellos mismos, pues necesitaban un
decreto para que ellos mismos no persiguieran más comunistas, no
aislaran más a España, no esclavizaran más a un pueblo por medio del
analfabetismo y del dogmatismo religioso; ya que sin decreto no habría
premios, y ellos acostumbrados al honor de cuello estirado y sangre fría,
los necesitaban, compréndanlo, los necesitaban -para que desde el poder
todavía controlaran lo que se hiciera y lo que se dijera- con un "¡Arriba
España!" de locos y de locura.
(Muchos de los que gobernaron durante la dictadura siguen gobernando,
esto es dificilísimo de comprender internacionalmente, pero es así y
colaboran para destruir -Iraq- y construir lo que se pueda o lo que
quede para recibir premios. Nadie de ellos ha reconocido nada.)
*José Repiso Moyano es escritor.
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