Martes, 16 de diciembre de 2003

COLABORACIONES
Contra la impunidad y el olvido
por JOSÉ REPISO MOYANO*

Cuantas veces sea necesario, porque pertenece a la Historia, se debe decir que en la España del 36 el poder militar se sublevó contra su población civil; luego la desgastó social, política y económicamente y, pormenorizando, pueblo a pueblo fue sometido a vejaciones en sus libertades, al aislamiento y al analfabetismo dentro del país que siempre ocupó uno de los primeros puestos entre los más desarrollados del mundo.

Entonces, aprovechando una España pobre y aislada, los ligados al régimen militar adquirieron todo tipo de privilegios o los usurparon, mientras que por poca educación se enseñó un nacionalismo "divino" y fundamentalista, se persiguieron ideologías, se reprimió de todo menos el trabajar sin derechos para los oligárquicos y... callar.

No obstante, lo grave es algo más; es indudablemente cierto por hechos muy bien hechos y por documentos históticos nacionales, internacionales y universales de que el generalísimo Franco -o su política dictatorial de hechos- aprobó el gobierno nazi. Lo consintió, lo admitió y se benefició de él: prueba de ello es la colaboración del bombardeo aéreo que recibió de él. ¿Quién colabora con quien no tiene alguna amistad o aceptación?

Asimismo, Franco "con gracia de Dios" y con una diplomacia entre ultranacionalistas de elite quiso ser ayudado a que los comunistas no asesinados por él, porque escaparon a Europa, tuvieran su merecida persecución y exterminio. Se logró en parte el objetivo. El "santo" de Franco no pudo intervenir en la contienda bélica internacional, sí, porque aún no estaba plenamente organizado como dictador para dictar sobre esa España demacrada por su terror; pero esto no restó para escudarse y protegerse en el propio nazismo.

Durante cuarenta años fue la España de la intolerancia, del miedo, del engaño, del disfrute oligárquico, de la pobreza y de la "derecha santista" que quería conservar sus privilegios heredándolos después en la transición de la que estaban enamorados, porque no perdían nada ni tenían que disculparse de nada -ya habían "ganado" demasiado-. Y para más alegría todos o casi todos siguieron políticamente gobernando de uno u otro modo.

La gente, ¿qué iba a hacer?, todo lo que le vino de libertad y de improviso lo agarró ansiosamente sin llegar a profundizar en más: hasta ese momento España contaba con exiliados políticos en todo el mundo, los fusilados por el régimen "santista" sumaban miles y miles, la economía española de ser de las poderosas de todo el mundo pasó a ser una iniciada en el desarrollo.

La Constitución fue un gran logro, pero también fue una gran mentira. Ésta significó una vacuna contra ellos mismos, pues necesitaban un decreto para que ellos mismos no persiguieran más comunistas, no aislaran más a España, no esclavizaran más a un pueblo por medio del analfabetismo y del dogmatismo religioso; ya que sin decreto no habría premios, y ellos acostumbrados al honor de cuello estirado y sangre fría, los necesitaban, compréndanlo, los necesitaban -para que desde el poder todavía controlaran lo que se hiciera y lo que se dijera- con un "¡Arriba España!" de locos y de locura.

(Muchos de los que gobernaron durante la dictadura siguen gobernando, esto es dificilísimo de comprender internacionalmente, pero es así y colaboran para destruir -Iraq- y construir lo que se pueda o lo que quede para recibir premios. Nadie de ellos ha reconocido nada.)


*José Repiso Moyano es escritor.

 

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