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CRÍTICA - 7 VÍRGENES
Jugando a ser malo


MATÍAS COBO @ Lunes, 26 de septiembre de 2005

Richi (Jesús Carroz) y Tano (Juan José Ballesta).
Tano y su novia Patri (Alba Rodríguez).
Santacana, hermano de Tano (Vicente Romero).
Título: 7 vírgenes
Género: Drama
Dirección:Alberto Rodríguez
Interpretación: Juan José Ballesta (Tano), Jesús Carroza (Richi), Vicente Romero (Santacana), Patri (Alba Rodríguez), Julián Villagrán (José María), Manolo Solo (director del centro), Ana Wagener (madre de Richi) y Maite Sandoval (madre de Patri)
Guión: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos López
Montaje: J. Manuel G. Moyano
Fotografía: Alex Catalán
Música: Julio de la Rosa
Vestuario: Fernando García
Maquillaje/Peluquería: Yolanda Piña
Productores: Daniel Goldstein
Productor ejecutivo: José Antonio Félez
País: España (2005)
Duración: 115 minutos
Estreno de en España Otoño 2005
Web: www.7virgenes.com
L TÍTULO de la película, 7 vírgenes, da también nombre al enigmático ritual con el que ésta comienza. Una voz juvenil cuenta segundos hasta llegar al minuto frente a un espejo, dos velas y siete estampas de vírgenes. El juego de las “Siete Vírgenes”, como luego explicará Richi a su inseparable amigo Tano, le muestra su futuro a quien lo celebra. A Richi (encarnado por el debutante Jesús Carroza) le profetizará algo que sólo cobrará sentido para el espectador al término del filme.

Tras ese comienzo impactante acompañado por una rítmica banda sonora, la acción se traslada a un reformatorio. Tano (Juan José Ballesta) va a disfrutar de un permiso de 48 horas para asistir a la boda de su hermano Santacana (Vicente Romero) después de que éste firme un permiso bajo tutela. La libertad le dibuja a la cara de Tano una sonrisa de la que recela Santacana. “Estate tranquilo, ¿te enteras?, que te veo muy contento. No quiero ni un lío, ¿te enteras?”. Pero el regreso al barrio le reencontrará con el mundo que dejó atrás y con Richi, su inseparable compañero de juergas, robos y peleas callejeras. Al principio, Tano no quiere involucrase en los líos de Richi. Es consciente de que su libertad es prestada, y eso le atempera sus ganas por participar. El juego echará a rodar al final, y Tano no se mantendrá al margen.

Pero las cosas ya no son como antes. Su hermano, con una indisimulada cara de amargura, parece aterrado por una boda de la que no está seguro y que supone el pasaporte para la anodina vida convencional de la que Tano, Richi y otros como ellos se mofan. Su relación con su novia Patri (Alba Rodríguez) tampoco es la de antes y en el barrio corren aires distintos. Tano vivirá intensamente esos dos días, pero, por dentro, ya no se divierte, ama o juega con la inconsciencia de otras veces. La madurez, como aseguran en la sinopsis los responsables de la película, se le viene encima.

Este tercer trabajo del sevillano Alberto Rodríguez es un fiel testimonio de la vida que llevan algunos adolescentes en los barrios marginales de las grandes ciudades. El acento sevillano de sus protagonistas, todos ellos actores sin experiencia previa seleccionados en un multitudinario casting, ubica la historia en una ciudad andaluza sin especificar en la cinta. Y pese a que sorprendan la precocidad de estos jóvenes para todo —amar, delinquir o drogarse— Rodríguez sostiene que la realidad, conocida por él mismo de primera mano, es mucho más dura de lo que muestra la película.

El trabajo está bien rodado, las escenas de acción bien resueltas, cuenta con algún plano meritorio, pero la historia suena a ya vista. Se agradece que la película no concluya con moralejas o la típica lección de vida que obre la conversión del protagonista en un buen chico. No obstante, creo que la película no aporta un valor añadido o un matiz distinto a la larga lista de títulos nacionales sobre jóvenes inadaptados de vida callejera. Pero sí me quedo con la idea subyacente de todo el argumento: “Vivir es lo único que importa”.

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