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 Reseña de LIBROS
Sábado, 23 de julio de 2005
Dan Rhodes: El cochecito blanco

Autor/es: Dan Rhodes
Título:: ‘El cochecito blanco’
Editorial: Alfaguara
304 págs. 15 €.
SOBRE EL AUTOR...
Dan Rhodes nació en 1972 en Purley (Gran Bretaña) y estudió Escritura Creativa en la Universidad de Glamorgan. Fue seleccionado por la prestigiosa publicación Granta como uno de los mejores novelistas británicos menores de cuarenta años. Sus dos libros de relatos anteriores (Anthropology y Don´t Tell Me the Truth About Love) le valieron elogios de la crítica por su frescura, su extraordinario sentido del humor, su utilización del registro de lo grotesco y su innegable talento para contar historias de amor. Su primera novela, Timoleon Vieta vuelve a casa, también fue publicada en Alfaguara.
L 31 de agosto de 1997 un automóvil de lujo de la marca Mercedes cruzaba a toda velocidad las calles de París para, finalmente, chocar contra una de las columnas del puente Alma (Pont de l´Alma). En su interior, Lady Di, la Princesa de Gales, y Dodi Al Fayed fallecían. Unos minutos antes de que aconteciera la tragedia arranca esta novela; unos minutos decisivos que llevarán a la protagonista, una joven parisina que conduce un pequeño coche blanco, a cruzarse con la Princesa de Gales en el túnel en el que se produce el accidente, y a su autor, Dan Rhodes, a convertir en una pesadilla la vida de ésta: ¿habrá sido Veronique responsable del fatal accidente?

HISTORIA DE UN ACCIDENTE

El cochecito blanco, un Fiat Uno destartalado, que da título a la novela es el que conduce aquella fatídica noche Veronique, quien regresa junto con su perro César a su casa con unos vinos de más después de romper con su novio saxofonista. Al día siguiente, cuando le despierta la llamada telefónica de su amiga Estelle recuerda vagamente un pequeño golpe que tuvo de camino a casa. Ahora la resaca no le deja pensar en cómo arreglará el auto antes de que sus padres regresen de Benín, donde han ido a visitar a la familia de su hermano, así que decide volver a la cama y seguir durmiendo. Lo que todavía no sabe –se enterará poco más tarde por la televisión- es que la noche anterior la princesa Diana había fallecido por un accidente de tráfico producido en el mismo túnel parisino en el que ella recordaba haber tenido el golpe y que las posibilidades de que ambos accidentes estuvieran relacionados eran muy altas. A Veronique le cunde el pánico y, para colmo, no puede contar ni con su familia ni con su ex novio, Jean-Pierre, de quien escucha un mensaje en el contestador de casa diciéndole, con voz atribulada, que estará durante una semana en Marsella en casa de su madre. Sólo le queda Estelle, una loca de la vida que pese a su juventud está de vuelta de todos los excesos (acaba de terminar una cura por su adicción a la heroína, porque es “malísima para el cutis”) y en la que no sabe si puede confiar.

Veronique, angustiada por la posibilidad de haber matado a la princesa de Gales, finalmente decide contarle su secreto a su Estelle, quien pondrá sus disparatadas ideas al servicio de su amiga. La primera: aprovechar que Jean-Pierre está en Marsella para entrar en su casa (Veronique guarda la llave) y cogerle un dinero que éste guarda y debe a su amiga para arreglar el bollo del coche.

Esta propuesta es el punto de partida de una serie de decisiones que arrastra a las amigas por unas situaciones cada vez más rocambolescas: no encuentran el dinero y deciden avisar a un traficante amigo de Estelle, Clément, al que venderle el equipo de música de Jean-Pierre; recurren a un mecánico tosco pero enamoradizo (un personaje notable) para que se haga cargo del auto, luego optan por desmontarlo en el garaje y llenar las papeleras de la ciudad con sus piezas…

Mientras esto sucede vamos conociendo la historia del tío de Jean-Pierre, Thierry, personaje entrañable que siempre llega sin avisar desde el pueblo en el que vive para soltar dos palomas por la ventana de la habitación de su sobrino, de algunos ex novios de Estelle (la historia del inglés al que da calabazas en pleno paseo en globo  es memorable), y asistimos a un progresivo empeoramiento de las cosas que nos llevan hasta el clímax: el regreso de un Jean-Pierre que ha llegado a sus propias conclusiones, la aparición de Françoise, una compañera de trabajo de Veronique que sospecha de ella y, sobre todo, los avances en la investigación del accidente: la policía busca un Fiat Uno blanco fabricado entre 1983 y 1989 por su posible implicación en el accidente.

REALIDAD Y FICCIÓN

Lady Di frente a Veronique, una personalidad y un personaje que coinciden en un mismo plano de ficción y con cuya relación Rhodes quiere implicar emocionalmente al lector. Porque el autor, tomando como punto de partida el común deseo de estar más cerca de nuestros iconos (¿quién no ha soñado conocer a ese deportista, modelo, intelectual…?), ha buscado inquietar desde el otro lado del espejo: ¿qué sucedería si nos viéramos implicados en una situación desagradable con un personaje mediático de tal forma que la opinión pública nos apuntara con su dedo inquisidor?

Y para alcanzar tal fin, contagiar al lector la tensión psicológica a la que somete a Veronique, qué mejor que rescatar de la realidad más mediática una situación traumática, acudiendo a personajes conocidos universalmente, en vez de crear desde la nada a ese famoso con el que no exista ninguna conexión emocional. Con este juego de superposición de espacios reales y ficticios, Rhodes consigue una tensión en la narración que lleva al lector de página en página hasta el desenlace final (¿es o no Veronique responsable de la princesa Diana?), dejando el camino sembrado de preguntas a las que cada uno podrá aportar sus propias respuestas: ¿qué habríamos hecho nosotros en caso de creer que hemos matado a un famoso? ¿Nos habríamos entregado? ¿Daríamos prioridad a nuestro sentimiento de culpa o nos ocuparíamos de acabar con las pruebas que nos implicaran?

El cochecito blanco, segunda novela de Dan Rhodes (al igual que en la anterior, Timoleon Vieta vuelve a casa, un músico y un perro tienen papeles relevantes) fue publicada originalmente bajo el seudónimo de Danuta de Rhodes y con una biografía inventada de su supuesta autora. Este hecho nos da ya cuenta del humor y las extravagantes situaciones que puede plantear Rhodes como complemento de una historia que contiene ciertos tintes dramáticos, mucha tensión narrativa y que garantiza el divertimento. .

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