El 31 de agosto de 1997 un automóvil de lujo de la marca Mercedes
cruzaba a toda velocidad las calles de París para, finalmente, chocar
contra una de las columnas del puente Alma (Pont de l´Alma). En su
interior, Lady Di, la Princesa de Gales, y Dodi Al Fayed fallecían.
Unos minutos antes de que aconteciera la tragedia arranca esta novela;
unos minutos decisivos que llevarán a la protagonista, una joven
parisina que conduce un pequeño coche blanco, a cruzarse con la
Princesa de Gales en el túnel en el que se produce el accidente,
y a su autor,
Dan Rhodes, a convertir en una pesadilla la vida de
ésta:
¿habrá sido Veronique responsable del fatal
accidente?
HISTORIA DE UN ACCIDENTE
El cochecito blanco, un Fiat Uno destartalado, que da
título a la novela es el que conduce aquella fatídica noche
Veronique, quien regresa junto con su perro César
a su casa con unos vinos de más después de romper con su
novio saxofonista. Al día siguiente, cuando le despierta la llamada
telefónica de su amiga Estelle recuerda vagamente un pequeño
golpe que tuvo de camino a casa. Ahora la resaca no le deja pensar en cómo
arreglará el auto antes de que sus padres regresen de Benín,
donde han ido a visitar a la familia de su hermano, así que decide
volver a la cama y seguir durmiendo. Lo que todavía no sabe –se
enterará poco más tarde por la televisión- es que
la noche anterior la princesa Diana había fallecido por un accidente
de tráfico producido en el mismo túnel parisino en el que
ella recordaba haber tenido el golpe y que las posibilidades de que ambos
accidentes estuvieran relacionados eran muy altas. A Veronique le cunde
el pánico y, para colmo, no puede contar ni con su familia ni con
su ex novio, Jean-Pierre, de quien escucha un mensaje en el contestador
de casa diciéndole, con voz atribulada, que estará durante
una semana en Marsella en casa de su madre. Sólo le queda Estelle,
una loca de la vida que pese a su juventud está de vuelta de todos
los excesos (acaba de terminar una cura por su adicción a la heroína,
porque es “malísima para el cutis”) y en la que no sabe si puede
confiar.
Veronique, angustiada por la posibilidad de haber matado a la princesa
de Gales, finalmente decide contarle su secreto a su Estelle, quien pondrá
sus disparatadas ideas al servicio de su amiga. La primera: aprovechar
que Jean-Pierre está en Marsella para entrar en su casa (Veronique
guarda la llave) y cogerle un dinero que éste guarda y debe a su
amiga para arreglar el bollo del coche.
Esta propuesta es el punto de partida de una serie de decisiones que
arrastra a las amigas por unas situaciones cada vez más rocambolescas:
no encuentran el dinero y deciden avisar a un traficante amigo de Estelle,
Clément, al que venderle el equipo de música de Jean-Pierre;
recurren a un mecánico tosco pero enamoradizo (un personaje notable)
para que se haga cargo del auto, luego optan por desmontarlo en el garaje
y llenar las papeleras de la ciudad con sus piezas…
Mientras esto sucede vamos conociendo la historia del tío de
Jean-Pierre, Thierry, personaje entrañable que siempre llega
sin avisar desde el pueblo en el que vive para soltar dos palomas por la
ventana de la habitación de su sobrino, de algunos ex novios de
Estelle (la historia del inglés al que da calabazas en pleno paseo
en globo es memorable), y asistimos a un progresivo empeoramiento
de las cosas que nos llevan hasta el clímax: el regreso de un Jean-Pierre
que ha llegado a sus propias conclusiones, la aparición de Françoise,
una compañera de trabajo de Veronique que sospecha de ella y, sobre
todo, los avances en la investigación del accidente: la policía
busca un Fiat Uno blanco fabricado entre 1983 y 1989 por su posible implicación
en el accidente.
REALIDAD Y FICCIÓN
Lady Di frente a Veronique, una personalidad y un personaje que coinciden
en un mismo plano de ficción y con cuya relación Rhodes quiere
implicar emocionalmente al lector. Porque el autor, tomando como punto
de partida el común deseo de estar más cerca de nuestros
iconos (¿quién no ha soñado conocer a ese deportista,
modelo, intelectual…?), ha buscado inquietar desde el otro lado del espejo:
¿qué sucedería si nos viéramos implicados en
una situación desagradable con un personaje mediático de
tal forma que la opinión pública nos apuntara con su dedo
inquisidor?
Y para alcanzar tal fin, contagiar al lector la tensión psicológica
a la que somete a Veronique, qué mejor que rescatar de la realidad
más mediática una situación traumática, acudiendo
a personajes conocidos universalmente, en vez de crear desde la nada a
ese famoso con el que no exista ninguna conexión emocional. Con
este juego de superposición de espacios reales y ficticios, Rhodes
consigue una tensión en la narración que lleva al lector
de página en página hasta el desenlace final (¿es
o no Veronique responsable de la princesa Diana?), dejando el camino
sembrado de preguntas a las que cada uno podrá aportar sus propias
respuestas: ¿qué habríamos hecho nosotros en caso
de creer que hemos matado a un famoso? ¿Nos habríamos entregado?
¿Daríamos prioridad a nuestro sentimiento de culpa o nos
ocuparíamos de acabar con las pruebas que nos implicaran?
El cochecito blanco, segunda novela de Dan Rhodes (al igual que
en la anterior, Timoleon Vieta vuelve a casa, un músico y
un perro tienen papeles relevantes) fue publicada originalmente bajo el
seudónimo de Danuta de Rhodes y con una biografía inventada
de su supuesta autora. Este hecho nos da ya cuenta del humor y las extravagantes
situaciones que puede plantear Rhodes como complemento de una historia
que contiene ciertos tintes dramáticos, mucha tensión narrativa
y que garantiza el divertimento. .