por JOSÉ REPISO MOYANO*
La carrera psicológica
L PROGRESIVO cambio de las sociedades ha influido determinantemente sobre nuestra nueva sensibilidad social por la búsqueda de la felicidad -nuestro comportamiento y con razón-; sobre
todo porque ha aparecido un nuevo orden de sociabilidad: la
competencia de capacidades -por exhibirlas o por adquirirlas-,
unas bajo pretexto de ser necesidad exclusivamente educativa,
y otras ya impuestas por el "estar al día", por las modas.
Si primitivamente al ser humano sólo se le exigía obediencia al
más fuerte o al que simbolizaba poderes mágicos o divinos a
cambio de protección y aceptación, ahora es otro el asunto: se
le exige de todo -como si fuera un objeto..., algo de mercado-.
De todo en cuanto a no quedarse atrás en una caprichosa carrera que se decanta más por el culto al dinero, a la belleza o a
la estética -impuesta por modelos cada vez más sofisticados-,
y a la capciosa política del estar en todos sitios para ser el héroe de nada y del "no hay que parar" como si el progreso significara eso.
La carrera empezó como un cuento de hadas, pero lamentablemente va dejando a muchos que no llegan ni pueden llegar a un
nivel medio de tanta superficial sabiduría, ya consternados, caídos en complejos, en frustraciones, en hartura sin más de tanta
y tantísima vanagloria que no sabe a dónde va, que no mira siquiera atrás.
Sí, los profesionales de la psicología hacen algo, y los hay que
aconsejan "el aceptarse a sí mismo", ¡ah!, mientras no se es
aceptado o mientras los intelectuales -muchos- y los medios
de comunicación bombardean diariamente, de noche y de día,
con mensajes o hechos que indican lo contrario.
(Es un "saco roto" a veces el aconsejar si no se ven claramente
las causas, para saber dónde está el agujero por si interesa coserlo.)
A gran escala innegablemente esto ha ido en detrimento para
conseguir la integración plena, y esto ha creado guetos indeseables y -digamos- una marginalidad psicológica que hace depauperar una justa realidad social, o más sana o más feliz.
Y es que el culto a la imagen -que los intelectuales siguen muy
complacidos porque no quieren molestar mucho- no cederá, ni
el exhibicionismo del fajo de billetes con "limousine".
Así que habrá cada vez más descontento para preparar o premeditar una seducción: cirugía estética derrochada, imitación
por los cuatro costados del comportamiento de los famosos,
búsqueda del morbo o del aislamiento, el recurrir a toda maña,
a todo camino depravado -tráfico de influencias- o violento, etc.
O habrá, también, quienes utilicen la autodestrucción como
salida, porque fueron "gordos", "bajos", "feos", pobres o incluso
fueron sensibles, más cuerdos que los demás o soñadores con
sueños ya más que aplastados porque no los querían.
Pero hay que decir estas cosas, ya que son muy importantes,
ahora muy necesarias.
*José Repiso Moyano es escritor.
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