por JOSÉ REPISO MOYANO*
La responsabilidad política
AS GUERRAS no las deciden los pueblos, sino las deciden determinantemente los gobiernos. La gente lo que exige más bien es un
bienestar y unos derechos de libertad, no exige la fabricación de
armas, ni el apartarse del mundo cultural y económicamente, ni
el rechazar la solidaridad necesaria, ni el tapar -para una imagen
falsa de bienestar al exterior- sus verdaderos problemas de convivencia.
La gente, en resumidas cuentas, está demasiado pisoteada por
los "cabreos" de los políticos, por sus caprichos del malgastar
el dinero en justificaciones de inseguridad extrapolada a las delimitaciones más cercanas a ella -su calle, su vivienda, su aeropuerto, etc.-, como si quisieran atar todos los cabos sueltos
de la inseguridad de todo el mundo, aumentando las filas del
ejército, interviniendo, invadiendo, consternando, enloqueciendo,
consiguiendo que estalle al fin una animadversión sin salida.
Bush dice que hay más seguridad en el mundo; eso no se lo cree
él mismo ni tras dormir tres días seguidos. EE.UU., antes de
que Bush reinara en la política, había conseguido dar por zanjada
la "guerra fría" favoreciendo excelentes relaciones internacionales,
había conseguido una postura más dialogante sobre desarme y
descontaminación, y había conseguido distender algo el conflicto de Oriente Próximo.
Aznar también dice que hay más seguridad en el mundo; pero
España, antes de él, sólo era compromisaria -junto a lo que tenía
más cerca y junto a la ONU- de los asuntos internacionales con
una postura mucho más neutral y...sensata, sin verse obligada
a meterse -como lo ha hecho- en "la boca del lobo" de los conflictos más graves prácticamente por obsesión de poder o por
ansia de protagonismo.
En Colombia los políticos que gobiernan siguen una línea inamovible, y no se dan plenamente por "enterados" de que su problema se está culturizando demasiado -en atavismo- y, además, es divisorio generacionalmente de la sociedad colombiana.
Por eso, la solución no está en seguir en lo mismo ni en exterminar a los miles de personas que forman el otro frente que utiliza las armas, sino en crearles o acercarles a un marco político
en donde se integren social y políticamente, en pedir colaboración a los países limítrofes, en difundir internacionalmente que
el problema existe, en subvencionar y proteger a los que dejan
el negocio de la "coca", en cederles cierta autonomía que los
motive, en la culturización por medio de misioneros y de ONGs
de las zonas de la guerrilla tras convenios humanitarios o de
no-agresión con sus líderes, en compensar a los que abandonan
las armas, en incentivar debates y foros para la convivencia, etc.
Aquí cabe mucho más, pero no mucho menos en una atención
más viva y más flexible frente los problemas.
En fin, los políticos no pueden desentenderse de lo que pasa,
de lo que verdaderamente importa, o dar el ultimátum por la fuerza para huir de sus propias incoherencias o miedos.
*José Repiso Moyano es escritor.
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