por JOSÉ REPISO MOYANO*
La locura
A LOCURA tiene que ver mucho con la sublimación -o a veces simplemente confección- emocional desconectada de la realidad -o paulatinamente desconectándose de la realidad-. Todos estamos de
igual a igual ante ella porque, aunque las capacidades genéticas
ayuden a evitarla, pueden contrarrestar esas capacidades las vivencias límite, las incontables experiencias que sí determinan -o visten
a esas capacidades- y no totalmente -porque interviene el aprendizaje- las actitudes humanas y sociales. Sí, no totalmente porque
el aprendizaje ético e intelectual es el factor que nos moldeará y
nos condicionará las emociones, las conformará decisivamente,
consiguiendo un respeto social y un respeto a las personas en sus
derechos igualitarios.
Así que ese factor nos despejará del "todo vale", nos hará responsables ante la realidad; es decir a ser consecuentes con ella de
un modo racional-ético (racional por no distorsionarla y ético por
responderle bien con una responsabilidad o con unas actitudes
responsables). Es la coherencia que esto conlleva lo que ratifica
un equilibrio, una cordura en nuestras acciones.
Pero en el hecho del vivir también existe una intimidad, la libre
búsqueda de la felicidad, la libre ideación emocional que puede
limitarla modas, convencionalismos represivos, políticas que conducen a las injusticias o a las discriminaciones sociales. Por ello,
la autodefensa y la rebeldía -siempre atendiendo a una justificación razonable- no son recursos de locura, sino de cordura en su
más estricto sentido. El ser más inteligente, el que ve la injusticia y no se conforma, el que está adelantado éticamente a su
tiempo, el que pone al descubierto la maldad o la crueldad -sin
unos mínimos escrúpulos o tranquilamente impasible-, es quien
nos ha guiado siempre hacia la cordura; sin embargo, y se olvida,
es la sociedad la que lo consideró loco, porque la sociedad sencillamente se presenta remisa a los cambios de privilegios, porque erróneamente se ha establecido que la mayoría tiene siempre la razón y casi todos se unen convenientemente a la mayoría para no ser tachados de "antisociales" o de locos. Esto es,
ante el "por si acaso", mejor ahí aunque sea por cobardía.
En aclaración, está cuerdo o más cuerdo no quien dice siempre
la sociedad -que puede decir hasta misa si le conviene-, sino
quien ostenta una coherencia, salvaguarda de los principios éticos fundamentales -los cuales no justifican los daños como finalidad ni como medios para una finalidad-, en consecuencia a
una realidad a la que ha reconocido previamente -que ha percibido sin distorsionarla-.
Poniendo las cosas en su sitio, el ser cuerdo no tiene nada que
ver con el "seudoequilibrio" o con el equilibrio que algunos se
apuntan, ni con la tranquilidad, ni con la pasividad, ni con el conformismo sin escrúpulos e impasible (pérdida de las emociones),
sino con la atención ética a la realidad.
Por ejemplo: Ante un holocausto, mientras que el loco ni se inmuta, el cuerdo sin hacer daño a nadie, se duele, se conmueve,
se deprime incluso, se indigna hasta lo más desolador -porque
no distorsiona la realidad ni a él mismo como ser íntegramente
ético-.
Por eso, es un gravísimo error, hasta ahora algo aceptado, el
considerar a todos los tipos de depresión como denotadores de
locura, cuando no es cierto y cuando no es lo mismo la depresión con unos antecedentes que con otros, la depresión del maltradado que la que le llega al maltratador al ser consciente de lo
que ha hecho, es decir no es lo mismo ocho que ochenta.
Además, no es difícil el recurrir a grandes intelectuales o sabios
que pasaron por momentos de desesperación o frustración ante el
horror que percibían, ante el cual como seres con las cualidades
más humanas lloraron y sufrieron por dentro.
Por tanto, el amor y el dolor, más allá de ser uno un derecho sobre el otro, son respuestas del alma ante todo, respuestas libres
e inevitables que existirán quieran algunos o no.
Pero, la locura que hace mas daño, siempre está arriba, donde se
puede manipular todo y todos los medios son justificados; desde
allí se siembra más las locuras, quedando a salvo de algún tratamiento.
*José Repiso Moyano es escritor.
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