Sábado, 3 de abril de 2004
Daniel Pennac: El dictador y la hamaca
por Pedro Galiano
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Autor/es: Daniel Pennac
Título: El dictador y la hamaca
Traducción de Manuel Serrat Crespo.
Editorial: Mondadori
316 páginas
18,50 euros |
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ANIEL PENNAC (1944, Casablanca) ha hecho de un juego literario, una novela brillante. De un ejercicio de ingenio, el escritor francés ha dado a luz un prodigio de originalidad e inventiva, una obra que, siempre desde las coordenadas de la metaliteratura, va engarzando diferentes biografías imaginarias dentro de una misma historia que está supeditada a las necesidades del auténtico protagonista, el propio autor. Así se explica lo caprichoso del argumento y la maleabilidad de la trama y personajes. Partiendo de un supuesto dictador agorafóbico de una república bananera cualquiera que, temeroso de las muchedumbres y hastiado de su monótona existencia de déspota, decide huir a Europa y dejar a un sosías en su puesto, Pennac despliega ante el lector una sucesión de sátrapas a encargo cuyas personalidades afloran cuando, partiendo en busca de la autorrealización, abandonan el poder dejando a sucesivos dobles en el púlpito presidencial. El primero de los ‘falsos’ tiranos, un barbero enamorado del cinematógrafo, huye a Hollywood para cumplir su sueño de ser actor mientras en el camino se gana la vida imitando al genial Charles Chaplin de ‘El gran dictador’. En palabras del propio Pennac, que alumbró la novela mientras descansaba en una hamaca en un viaje al interior de Brasil, “el libro es una reflexión sobre la búsqueda de identidad, sobre el poder y sobre el miedo que tienen los dictadores”.
Extraordinario creador de imágenes, Pennac nos hace disfrutar con una mezcla de ficción y realidad en la que, con gran sentido del humor, nos cuenta como los dictadores, incluidos los próceres de algunas supuestas democracias, no son más que actores de una obra chusca ya que, volviendo a las palabras del propio autor en uno de los pasajes del libro “el pueblo hace creer que cree lo que quieras que crea hasta el punto de llegar a creer a veces lo que cree”. Simplemente genial.
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