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Domingo, 5 de septiembre de 2004
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OPINIÓN
Crítica de MÚSICA
Wilco: A ghost is born
por Pedro Galiano
El último álbum de la banda de Jeff Tweedy es uno de esos discos que se hacen un hueco en tu reproductor sin estridencias, de puntillas, de forma sutil pero segura. Carente de singles claros – a excepción quizás de ‘Theologians’ - pero lleno de excelentes canciones, se saborea poco a poco, creciendo a cada nueva escucha gracias a momentos de auténtica inspiración melódica como ‘Muzzle of bees’, delicada y sublime, ‘Hummingbird’, deudora de las armonías de Paul McCartney, ‘Handshake drugs’, repetitiva y envolvente, ‘Wishful thinking’, con aires a los 'Stealers Wheel’ o ‘Company in my back’ y ‘Hell is chrome’, fieles exponentes del ritmo perezoso por el que se conduce gran parte del disco y que sólo es roto por la nuevaolera ‘I’m a wheel’ y los delirios experimentales de ‘Spiders (kidsmoke)’ o ‘Less than you thik’, donde, a mi modo de ver, patinan. La primera es un coñazo de más de diez minutos construida sobre inmisericorde guitarreo disonante al estilo de los que se gastaba Neil Young con los plastas de Crazy Horse sobre una base de krautrock, mientras que la segunda, que dura un cuarto de hora, es una agradable y reposada balada con un aburrido zumbido con reverberaciones cacofónicas a modo de interminable epílogo que se supone que sirve para enfatizar la melancolía contenida y todo eso. Cosas que tienen los grupos transgresores con espíritu ‘artie’ y pecata minuta en un disco que suena a clásico intemporal.
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