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Domingo, 5 de septiembre de 2004
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OPINIÓN
Crítica de MÚSICA
Varios: Spanish Bizarro
por Pedro Galiano
Fernando Muñiz, faneditor y ‘erudito’ de la música popular española, es el responsable de la epatante serie ‘Spanish Bizarro’, cuya segunda entrega con temas licenciados, resulta, al igual que su predecesora, impactante incluso a los oídos más curtidos en astracanadas vinílicas perpetradas durante el tardofranquismo. Veinticinco testimonios sonoros de auténtico valor sociológico rebuscados entre lo más casposo de la discoteca de Mr. Muñiz que nos recuerdan lo mucho que ha cambiado este país en tan solo tres décadas. Sirva de ejemplo ‘Te quiero’, una canción ‘de cachondeo’ de la época en la que un desaprensivo Emilio el Moro hace apología de la violencia de género llevada hasta sus últimas consecuencias o ‘La, la, la’, exponente del subgénero de la canción de parodia política a cargo del irritante Pedro Ruiz, representante de los humoristas sin-puta-la-gracia ‘made in spain’, verdaderos cretinos del chiste y la imitación zafia que llevan décadas insultando nuestra inteligencia con sus paridas subnormales que ya no se las ríe ni el agradecido público del inserso aunque les chantajeen con quitarles el bocadillo de rigor en las galas televisivas de nochevieja y megafiestones catódicos de José Luis Moreno. Cuarenta años de represión del enano cabrón, dieron como resultado todo tipo de excesos discográficos durante la transición, equivalentes al destape en el cine. Susana Estrada con la tórrida ‘Hagámoslo juntos’, El Pelos glosando las virtudes de ‘La grifa’, Desmadre 75, formación pionera en el ‘agropop’ y el humor tuno, incitando al consumo de tabaco en ‘Tengo una pena’, Fernando Esteso, el rey de la chabacanería, con el clásico ‘Bellotero pop’ o, en otro orden de cosas, el himno primigenio del PSOE, ponen el bello de punta, y no precisamente de emoción. Recopilatorio ideal para los listillos de las emisoras de radio y canales de tv generalistas que quieran hacerse los ‘guais’ (como si ellos hubieran descubierto las canciones) a costa de quemar lo que parece ser un fenómeno de moda por lo ‘kitch’. Impagable.
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