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Sábado, 4 de mayo de 2002
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COLABORACIONES
Francia: el crecimiento del otro extremismo por Isaac Bigio*
Buena parte del debate en torno a las elecciones francesas gira en torno a explicar el fenómeno del salto de la extrema derecha. Mas, esa misma atención no se viene prestando al crecimiento de la extrema izquierda francesa, la cual es porcentualmente mayor.
Mientras que Le Pen apenas ha conquistado 200,000 votos más de los 4,500,000 que obtuvo en las presidenciales de 1995, los trotskistas franceses han duplicado su votación, subiendo del 5% en 1995 al 11% en el 2002. Por primera vez una corriente que hace una década era relativamente marginal ha triplicado la votación del Partido Comunista Francés.
Los candidates trotskistas Arlette Laguillier, de la Unión Comunista Internacional/ Lucha Obrera, Olivier Besancenot, de la Liga Comunista Revolucionaria, y Daniel Gluckstein, del Partido de los Trabajadores, obtuvieron respectivamente 1,6 millones, 1.2 millones y 200,000 votos.
Si las candidaturas trotskistas se hubieran unido, bien pudieran haber podido competir con Le Pen y Juspin y haber sido ellos quienes hubiesen llegado a la segunda vuelta.
Después de la caída del bloque soviético todos los partidos comunistas occidentales han tendido a retroceder. El PC Francés, que solía ganar las elecciones parlamentarias galas en la primera década de la postguerra con el apoyo de un cuarto de los votantes, ha quedado pulverizado con menos del 3,5% obtenido en el 2002. Los trotskistas, quienes fueron una fuerza marginal dentro del comunismo mientras el Kremlin tendía a ser la voz cantante en ese movimiento, ahora estarían reflotando. Tras los comicios galos se han convertido en la primera fuerza dentro del disminuído comunismo occidental llegando a recibir el respaldo electoral de 3 millones.
Mientras los comunistas y socialistas habían buscado potenciarse moderando sus discursos y cohabitando con la derecha republicana, los trotskistas se han levantado retomando el discurso revolucionario.
La extrema izquierda europea siempre había tenido una incidencia relativamente marginal. Después del radical Mayo 68 francés el major resultado que llegaron a tener fue en Italia donde Democracia Proletaria se acercó al 5%. Mas, este bloque apenas consiguió atraer a menos de la quinta parte de quienes votaban comunista, y su nivel de oposición al PC oficial no era tan frontal como el de los trotskistas.
Hoy Arlette Laguillier se ha convertido en la candidata presidencial comunista más votada de Europa. Su prédica se basa en proponer una nueva revolución violenta socialista de consejos obreros. Plantea que el comunismo cayó en el este por que no fue tal. En vez de haber implantado una dictadura del proletariado lo que hubieron fueron dictaduras stalinistas sobre el proletariado. Para ella no solo que no se debe votar por Chirac para detener a Le Pen sino que también está vetado votar por los socialistas acusados de ser otro partido capitalista que debe ser derrocado.
Los comicios galos han mostrado un significativo realineamiento dentro del movimiento comunista. Desde que Trotski fue desplazado del poder soviético por Stalin sus partidarios siempre tuvieron pocos nichos para poder crecer. La Oposición de Izquierda animada por quien fundó el Ejército Rojo ganaría algunos cuadros de los Partidos Comunistas en las décadas de los veintes y treintas. Solamente en dos países latinoamericanos lograrían atraer a alrededor de la mitad de la militancia de los partidos comunistas: Chile y Cuba. Mas, en ambos países los trotskistas acabarían desplazados por los comunistas oficiales. En Ceylán y Bolivia los trotskistas llegarían a convertirse en partidos con fuerte influencia laboral beneficiándose del hecho que ellos nacieron allí antes que los stalinistas. Al final de la segunda guerra mundial la Cuarta Internacional, fundada por Trotski, llegó a tener mucha fuerza en Grecia y Vietnam pero los stalinistas los persiguieron como lo hicieron durante la guerra civil española.
La única gran oportunidad que tuvo la Cuarta Internacional para haber tomado el poder fue en la revolución boliviana producida exactamente 50 abriles antes del terremeto electoral francés del 2002. Sin embargo, los trotskistas bolivianos prefirieron apoyar al gobierno nacionalista de Paz Estenssoro buscando izquierdizarlo. Con ello perdieron su propia identidad y terminaron siendo absorvidos por el MNR. El fracaso de 1952 conllevó a que la cuarta internacional empezara a fraccionarse y marginalizarse.
Salvo Bolivia y Ceylán donde el trotskismo tenía muchas tradiciones sindicales, esta corriente mantuvo algunos centros en Francia, Gran Bretaña, EEUU, Argentina, Brasil y México. En ninguno de esos países superaba el 2% del electorado y en diversos momentos actuaron como alas de partidos más grandes. En 1978 el trotskismo dió una sopresa en las constituyentes peruanas donde Hugo Blanco obtuvo un 9% de los votos. Tras haber encabezado una Alianza Revolucionaria de Izquierdas (ARI) que amenezaba con aglutinar más del quinto del electorado peruano, los trotskistas abandonaron ésta y luego fueron ultra-minimizados por el crecimiento de la Izquierda Unida y Sendero Luminoso.
Desde que Stalin logró ganar a los principales partidos comunistas a la obediencia de Moscú nunca antes los trotskistas habían sido capaces de sobrepasar la influencia de un fuerte partido comunista nacional y menos aún de uno de los más grandes del mundo capitalista, como fue el de Francia.
Los resultados franceses ponen a lo que fuera una corriente relativamente marginal dentro del comunismo como la principal fuerza electoral marxista occidental. Ello tendrá una incidencia en otros países. El trotskista Partido Socialista Escocés se ha convertido en la quinta fuerza escocesa aglutinando un 5% del electorado de esa nación y un 10% del de Glasgow. En Argentina los trotskistas se han convertido en la principal fuerza de la izquierda y en los últimos comicios han aglutinado una décima parte de los votos de Buenos Aires.
En Italia, donde el trotskismo nunca tuvo mayor fuerza, ahora éstos han constituído un ala significativa dentro del Partido Refundación Comunista y han logrado empujarla en su último congreso hacia una línea más a la izquierda.
La sede de la cuarta internacional estuvo generalmente en París. Hace 50 años ésta no fue capaz de capitalizar una revolución hecha en el altiplano en la cual los sindicatos enarbolaban una versión del programa de transición de Trotski. Ahora ellos ya no controlan un movimiento de masas desde el extranjero sino que son la principal fuerza marxista en su propio país.
Para muchos izquierdistas el ascenso del trotskismo puede ser una pesadilla tal y cual lo ha sido para muchos conservadores el crecimiento de la ultraderecha. Para el politólogo francés Revel el ascenso de la izquierda 'trotsko-totalitaria' ha serruchado el piso a la 'izquierda democrática'. Para el semanario Le Point Francia asiste al hundimiento de la izquierda tradicional.
Desde los años veintes hasta el fin del milenio la izquierda gala estaba dominada por los socialistas y comunistas. Hoy ambos no han llegado ni al 20% de los votos consiguiendo una suma similar a la de una izquierda contestaria compuesta por los verdes (que Revel tilda de ser en su país una expression de viejos maoístas y extremistas) y los trotskistas.
Mientras la ultra derecha no hace mayores cuestionamientos al modelo económico y se manifiesta en favor de mantener la democracia parlamentaria, para la ultra izquierda el sistema económico capitalista debe ser abolido e irse hacia una socialización sin pago de las grandes empresas y la democracia parlamentaria debe ser depuesta por consejos de trabajadores.
El balance que el grueso de la izquierda mundial había tenido de las dictaduras de partido único en el este era que hay que reencontrarse con la democracia parlamentaria buscándola reorientar pacíficamente en base a gobiernos de coaliciones.
Los trotskistas sacan un balance opuesto. El fracaso del este se debió a que no se erradicó completamente el capitalismo pues se negaron a impulsar la revolución mundial y que en vez de haber retrocedido a la democracia que ellos tildan de burguesa por estar timoneada por grandes capitales, se debió haber ido hacia un régimen más igualitario basado en asambleas de base. Los trotskistas golpean al grueso de la izquierda insistiendo en que por haberse ido alejando de sus programas iniciales se han ido alejando de la clase obrera y con ello han perdido peso y han empujado a muchos descontentos hacia la extrema derecha. Para la izquierda convertida a la democracia parlamentaria los trotskistas impulsan la lucha de clases y el separatismo obrero con lo cual se polariza a la sociedad en beneficio de la derecha.
*Isaac Bigio es Investigador y profesor de la London School of Economics & Political Sciences.
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