Domingo, 6 de junio de 2004

COLABORACIONES
El valor cultural
por JOSÉ REPISO MOYANO*

Un país progresista es aquel que se entera por dónde va la realidad, que va atendiendo a las necesidades sociales como prioridad y, al mismo tiempo, que tiene muy en cuenta el valor cultural.

Incentivar la cultura es, un un primer lugar, lo que no debe olvidarse; pues es, de por sí, la búsqueda de la identidad de un pueblo y, además, la libertad práctica en cada uno de sus ciudadanos. Aunque, a lo que me refiero con "cultura", es a la creatividad por defender unos valores, y no a defender un vicio más de una cultura del bienestar: el acomodarse a la pasividad, el obsesionarse por el poseer, etc.

La cultura no debe ser una falsa ilusión, sino un medio que intensifique el entendimiento entre los seres humanos. Que no sea el argumento de "Esperando a Godot" de Samuel Beckett, donde se convierte en una angustia lo que se desea o en una meta que es excusada de un día para otro.

La cultura ha de estar unida a la misma acción del vivir, ahuciándose desde la familia, desde la escuela, desde los medios de comunicación y desde la ejemplaridad de los políticos.

En el marco de la cultura se encuentra toda verdad y, por su extensión, la libertad en consonancia con la razón o comprometida por cada situación o hecho real. Así, un pueblo que descuide el conocer, el saber qué ocurre, el saberse a sí mismo, está condenado o es irremediablemente proclive a ser manipulado; y acarreará conflictos en su convivencia provocados por sentimientos de opresión o de marginalidad.

La paz no es un contagio de que haya que luchar contra alguien, sino es una atención, un cultivo de unos valores que ayudan a todos en general; que, ello, también concita el sentimiento de humildad ante el otro, y no, en ningún caso, un exhibicionismo de poder.

La responsabilidad política velará por esa labor, no imponiendo religiones, lenguas, modos de trabajo, etc., sino concertándolos en su máximo consenso; y que, en tal modo, sea la sociedad, el pueblo, el propio protagonista de su destino.


*José Repiso Moyano es escritor.

 

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