Domingo, 6 de junio de 2004

COLABORACIONES
Lo más importante
por JOSÉ REPISO MOYANO*

Lo más importante no serán las políticas - a expensas de quienes las hacen-, no, sino la sensibilidad de las generaciones que nos precedan. Por eso, es lo que tomaré como prioritario en mis siguientes artículos; basta de arreglar tejados, porque siempre hay que volver a empezar de nuevo en mucho, desde abajo.


Todo el cuidado es poco

Todo el cuido de un niño es poco
porque, lo que le falte,
le faltará a la vida
y a la fertilidad de sueños que nos desnuda.

Todo es poco: encender su sonrisa,
regalarle los tiernos amparos del recuerdo
nada más usando
el perfume de la verdad -limpia-
que enseñará por corona en cada mirada.

Se le dice que el amor es lo rotundo,
el valor-ángel que nos llama,
la vez ciega y también sabia
como río de latidos por fluir.

A un niño hay que conocerlo entre sus ansias,
en el nivel de su barro bajo las estrellas
para que comprenda qué corazones las fotografías no dicen,
quién fabrica la indiferencia
y en qué miedo se niega al puro deseo, sí,
el que a veces es contradictoriamente crucificado.

A un niño hay que poblarlo mientras se intente la inmensidad,
ante el credo del jazmín con sus lágrimas,
ante el brillo solo que se perdió en la noche
o ante los vagabundos ojos que son discriminados por la tierra.

Sin un niño nadie se imaginará nunca esperanza,
porque sobra patria sin él
y cada día se pudrirán los cantos de la bondad,
se invertirán los pasos
contra el ritmo lento del árbol y del fulgor.

Sin un niño, nada; la muerte.
Como un grito a su corazón pertenezco,
como un grito en su cumbre,
besando en su tamaño las invencibles palabras
para temblor simple, humanamente,
o para que el oasis del cielo alcance su habitada luz.


*José Repiso Moyano es escritor.

 

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