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Domingo, 4 de abril de 2004
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COLABORACIONES
Lo nuevo por JOSÉ REPISO MOYANO*
Lo nuevo siempre ha existido y no tiene por qué tener el
calificativo de artificial. Cualquier animal tiene defensas que
en una naturaleza a priori no existían; por lo tanto, no sólo
los seres humanos son creadores de lo nuevo, sino "lo
mayoritario" es un creador de novedad por la evolución a la
que atiende en un medio en concreto.
Sí, los seres humanos poseen la gran peculiaridad de que
utilizan todos los recursos de ese medio o, bien, que todos
los recursos no le son ajenos para utilizarlos más temprano
o más tarde; debido en gran parte a su condición social,
la cual transmite y perfecciona sus capacidades para lograrlo.
¡Ah!, pero -es lo importante- son los únicos que añaden unos
elementos de realidad nocivos contra "todo" su propio medio.
No existe un peso relativo de algo como caprichosamente
he escuchado a un economista, sino ya absoluto por existir
y subjetivo al capricho suspicaz de intereses que cada ser
humano por aquí o por allá se tiene entre las manos; o sea,
existe -podríamos decir- un "peso supercabezón" subjetivo
que... no da tregua, ahí, a machamartillo, protagonizando las
grandes aventuras de nuestra historia.
No obstante, y ya aparte del humor, en el trasfondo, la
tecnología da y dará muchísimos elementos nuevos a la realidad
del medio -a sabiendas de que también siempre los dará la
naturaleza por su cuenta- porque ya se abrieron unas puertas y,
además, como nunca hay más medios para lograrlo. Cualquier
tonto con miles de recursos hace algo; lo peor es haber visto a
Galileo descubriendo nuevos hechos con casi "nada" o sugiriendo
nuevos valores contra todo, contra los que en aquella época
-intelectuales reaccionarios ante quien no les gustaba- manipulaban
a la sociedad y escindían a la sociedad con inquisiciones.
Ahora, los medios de comunicación funcionan igual, a las órdenes
de quienes simpatizan por conservar unos gustos, unos
privilegios, y en contra de los que piensan diferente a ellos:
no se les deja oportunidad -niegan su dignidad- de razón, porque
no es lo que más les interese (la coherencia), sino seguir una
línea que revierte o concluye sólo en sus propios beneficios. Así la
conquista de Marte sin haber reflexionado sobre la condición
humana, así la conquista del genoma sin haber reparado con
demasiada autocrítica en que se abre una puerta que hasta el
momento había sido protegida sólo por la misma naturaleza
-garantizando la diversidad- y que el ser humano al riesgo sumo
no sabe... si dará un portazo o casi un portazo.
Y es que el ser humano es francamente esto, siempre a la caza
del león más que entender lo que está haciendo, por señero o
por cicatero muchas de las veces.
*José Repiso Moyano es escritor.
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