Miércoles, 28 de enero de 2004

COLABORACIONES
La frecuencia
por JOSÉ REPISO MOYANO*

La frecuencia, lo repetitivo, equivale a decir que algo está en movimiento, esto es, transcurre y también se desarrolla si en lo esencial deriva hacia lo complejo. La energía de la luz se sustenta en su aceleración, es decir en una constante, en una frecuencia que es repetición; y es eso esencial, una esencia.

Las moléculas para que incidan en un desarrollo -para que se determine algo complejo- necesitan repetirse y vincularse a un medio que asimismo se ha vinculado a otro, como ese otro a otro y así sucesivamente -frecuentemente-.

El ser humano ha querido buscar lo que quizás no se podrá encontrar: un principio a los medios, una desvinculación a ellos mismos, un "lugar" donde la frecuencia sea cero, nula. Buscó y aún busca un "centro".

Pero las cosas no son tan raras, únicas, irrepetibles como puedan parecer -sí en los detalles como en el ser humano determinan un comportamiento, y no tanto en lo esencial-, sino se preparan, se urden por doquier y predisponen un contrasentido para la inteligencia humana, una continuidad por encima de un punto principal, de un punto final: de un punto característico de un inmovilismo.

Se verifica que las cosas no van a contrarreloj para no ser, sino a su continuidad en otro posible medio. Una estrella deja de emitir luz cuando se consume; pero otra estrella nace y la vuelve a emitir. Un planeta deja de ser el medio para el agua; pero otro planeta se permite ser el medio para el agua. Tal o cual medio es, por tanto, consecución de algo como otro también puede serlo, por lo que no existe desvinculación en este aspecto, veto, inmovilismo.

Porque nada puede desmarcarse de su esencialidad directo a no ser, a eludirse, a distorsionarse hacia/en un punto fijo, o a despejarse en un nada o en un todo fijo, ficticio, sino que solamente se exime de un medio hacia otro que infiere sus posibilidades.

Entonces la vida no es lo sobrenatural, lo escaso -¿qué es lo escaso en el universo?- con un medio sobrenatural, escaso, fuera de sí, ajeno a la posibilidad y en la inercia. Esencialmente porque la vida no es algo imposible, ni algo sujeto a un fundamentalismo o a una cerrazón de no repetirse, ni siquiera algo con obligación a ser único o centro de lo infinito, sino es la consecución de un medio en la "sinprisa" de los posibles.

La vida no está a expensas de tal orden restrictivo, ni siquiera simbólico.


*José Repiso Moyano es escritor.

 

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