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Viernes, 9 de enero de 2004
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COLABORACIONES
Los secretos de la sangre fría por JOSÉ REPISO MOYANO*
Mandar es sobre todo exhibir ejemplaridad, ostentar un modelo de
administrar los bienes públicos en beneficio de todos y con honradez.
Aunque esto sea así apenas se cumple porque la sociedad se siente
atraída por un estilo triunfalista -"machote"- del que posee riquezas,
vence batallas, dirige medios de comunicación y protagoniza una
serie de "culebrones" políticos de los cuales la gente no puede
alejarse, los tiene ahí de día y de noche, hasta en la sopa, impuestos.
Por eso, la gente se percata del que idea una imagen de bondad
mucho más del que a lo largo de su vida la ha demostrado
humildemente, sin llamar mucho la atención, sin trucos de frivolidad
o de subir al poder a cualquier precio. Así, la razón deja de ser
decisiva cuando ya no es negociable para esa urdimbre triunfalista:
se suplanta por medio de lemas ideológicos, por acrecentar mensajes
subliminales para confundir, por el apremiar el "todo vale" para
desmoralizar, por censurar en lo posible o por el crear a conciencia
nuevos problemas que se utilizarán como eficaces "cortinas de humo"
para manipular muy simpáticamente.
Los "mil caras" no tienen muchas dificultades en la sociedad que se
está creando porque tienen todas las puertas abiertas para triunfar
en el amor, en el éxito social o laboral, ya que prima la influencia, la
frivolidad, el "lo digo porque sí" o el sumarse al poderoso rico o chulo
que los hay por doquier; mientras, el que es noble e íntegro en
su trabajo honrado poco se enriquecerá y, por desconfiar -¿qué va
a hacer?- de esos, será apaleado como premio y mantenido a la raya
por los poderes fácticos que controlan, ¿acaso a Lutero King o a
Gandhi los abrazaron?
Y es que quien se apodera de las riquezas -más allá de limitarse a la
dignidad que le proporciona un jornal, más alto o más bajo, pero un
jornal- le está sencillamente usurpando o negando lo que a otro le
pertenece: su dignidad. Pero en la intelectualidad de los países ricos ya es mentira hasta lo
que no dicen -aunque no generalizo-, pues en pleno siglo XXI no
existe crueldad que no esté justificada por uno u otro truco. El
negocio es el negocio. Ya la mierda se hace inteligencia y gusta.
(Un ejemplo: El Ministro de economía español justifica la desmesurada
subida del precio de la vivienda por la ley de la oferta y de la demanda,
cuando su verdadera obligación es la de respuesta, de responsabilidad;
ya que el que haya más compradores de pan en un lugar no justifica
ni elude responsabilidad política para que su precio se multiplique y
sea inasequible para una parte de la población.)
*José Repiso Moyano es escritor.
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