Viernes, 8 de enero de 2004

COLABORACIONES
La palabra
por JOSÉ REPISO MOYANO*

La palabra es una manera de organizar el conocimiento y, además, de comunicarlo a otro que comparte -la acepta- esa manera.

Cuando intentamos conocer el cuerpo humano le ponemos un nombre(*) a cada uno de sus órganos -son guías para no perderse- y los clasificamos funcionalmente; así nos ayudamos de las palabras para conocer más y comunicarlo, pero aspirando siempre a no confundir, a que un fémur no sea para un ser humano una cosa y para otro otra cosa distinta. Por eso, proponerse el conocimiento es aceptar una objetividad para no perderse una orientación y no confundir. Claro está que cada uno tiene su lenguaje subjetivo, su sentir diferente, sus gustos diferentes para también intentar ser uno mismo consecuente con ellos y explicándoselos a los demas en lo posible. Aunque, cuando se hable de China, se debe tener en cuenta de que se habla de un país, no de un planeta.

La sociedad ha tenido el desmedido problema de atiborrarse de todo tipo de mensajes -de placeres por encima de los medios-, de convalidar juntos el deseo y lo que es algo, de delegar los hechos al "me parece" o a la dedocracia del parecer por cierto poder, y extralimitándose por ello de lo que ya se delimitó: un derecho, la existencia de cada elemento de la realidad, o de necesidades que requieren o nos obligan a una responsabilidad.

En verdad, muchos hay que actúan en función de su egoísmo: una mujer tiene los mismos derechos sociales, pero no los respeta; un niño debe ser educado de diferente foma a un adulto, pero no lo respeta; un político debe escuchar a los ciudadanos que gobierna, pero no lo respeta.

Ante esto, los intelectuales y los medios de comunicación tienen en su poder la gestión de una mayor defensa de la dilucidación contra esos que manipulan diariamente con incentivar o con proponer programas educativos a favor de la difusión de cada derecho, es decir pueden hacerlo, pueden determinar en lo posible que un derecho no sea tan infravalorado en la mente de un maltratador por ejemplo (penas impuestas por los jueces en rehabilitar con conocimientos de lo que significan valores éticos y situaciones de los demás resuelve más que otros castigos, porque es realmente posible, porque ya existe la palabra que aclara y declara la realidad para conseguirlo).

(*) Podríamos ponerle un número y entendernos con números, por lo que la finalidad no cambiaría.


*José Repiso Moyano es escritor.

 

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