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Martes, 16 de diciembre de 2003
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COLABORACIONES
La interpretación por JOSÉ REPISO MOYANO*
El ser humano no interpreta la realidad -es una absoluta falacia-, sino que
protagoniza la realidad. Cuando ya abre la puerta de sus sentidos está en
y con la realidad. Los pies están hechos funcionalmente durante milenios
de años para andar y no interpretan los pies el andar, sino que se limitan a
su función de realidad; igualmente los ojos; igualmente las neuronas.
El ser humano sustenta la realidad por sí mismo y, además, sustenta
funcionalmente lo externo; una manzana le es ante todo una realidad
funcional para su organismo "vivo", con representación o sin ella, le es
obligado limitarse a esa función, porque es su comida, porque sencillamente
le sustenta su realidad.
Se puede pensar equivocadamente que representa su realidad, no, ya
es su realidad; la tierra que pisa no la representa, sino que obligatoriamente
tiene que pisarla. Por lo que todo esto sirve fielmente como base: el ser
humano no es un interpretador de una película de la cual se puede
marchar, sino que él está dentro de esa película que lo sustenta y él mismo
es un protagonista, uno más de esa película. (El término "película" no es
aplicable a la realidad, pero sólo lo utilizo para hacer más fácil una
comprensión.)
Ahora bien, el ser humano una vez desarrollado intelectivamente puede
elegir una interpretación; porque la interpretación ya es algo que se elige,
que él determina sobre la realidad, que él pone, para acertar sobre la realidad
o no acertar sobre la realidad. Si interpreta que la Tierra es el centro del
Universo desacertará, si interpreta que él es movimiento y energía acertará.
Sin merodeos, "directo al grano", en cuanto se arriesga con su elección, la
elección le exige conocimientos para no elegir lo que no existe, sino lo que
existe. Por ello, si se interpreta que la evaporación causa la lluvia es porque
eso existe; si no la misma realidad le dirá temprano o tarde que su elección
no es consistente, no es existencia, para que busque lo que a bien decir
existe -es decir le motiva, le encamina a poseer conocimientos-. La elección
conlleva conciencia y atención (se elige aquello a lo que se le ha prestado
previamente algo de atención).
Kierkegaard (*) dijo que "la elección es una categoría ética"; pero más que
ética es intelectiva, la elección es una categoría intelectiva, es una interpretación
acertada o desacertada, es una verificación o no de lo que existe; ¡ah!, pero
es necesaria si quiere encontrar verificaciones de realidad, si quiere conocer más
que lo que anteriormente conocía, si quiere conocer a sus otros protagonistas
o integrantes de la realidad -porque son verificados más que interpretados, son
"reconocidos" en su conciencia una vez que tiene que aceptar irremediablemente
de que existen.
La interpretación es, pues, una propuesta de búsqueda, es una presteza
elegida al conocimiento que se explaya acertadamente una veces y otras no
por lo que es verificable, consiste, consiste porque existe.
(*) El filósofo danés abordó la elección en un contexto sólo espiritual o de
sentimiento existencialista al que estuvo "sometido" o condicionado para su
aportación filosófica.
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 Nota: El término "protagonizar" lo utilizo en un sentido más próximo a "pertenencia":
algo protagoniza algo porque pertenece a ese algo.
*José Repiso Moyano es escritor.
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