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Jueves, 11 de diciembre de 2003
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COLABORACIONES
La historia no se ha resignado por JOSÉ REPISO MOYANO*
Toda una serie de derechos individuales se nos hacen más o
menos prácticos; pero todas las grandes transformaciones
sociales se nutrieron de revoluciones -por asunción de
conocimientos- del pensamiento. El cristianismo surgió
inmediatamente posterior al esplendor cultural greco-latino;
y no es vano decir que la filosofía cristiana jerarquizó la
conversión mística de purificación helenista, San Agustín
adoctrinó las ideas platónicas en beneficio teológico y
Aristóteles no fue dejado de lado tampoco por su concepción
de unión sustancial entre cuerpo y alma.
Luego, a partir del siglo XII, el acceso de la población feudal
a la cultura a través del conocimiento físico de lo exterior
-que lo permitió el comercio- y a través de la universidad
revertió en bastantes oposiciones al dogmatismo y clericalismo
imperantes (racionalismo, humanismo, contrarreforma,
agnosticismo, etc.) que, junto al descubrimientos de "nuevos
mundos", ayudó a idealizar un ser humano más libre al anterior
predeterminado por directrices tan solamente dogmáticas; pues,
el ser humano ahí, se valoró tanto como lo divino, se autorreconocía
como protagonista de la historia, se desencadenaba de su
teocentrismo (Era el Renacimiento).
Pero en el siglo XVIII, la fe ya puesta en la razón, el fortalecimiento
de nuevas ideologías y religiones críticas, el pensamiento
ilustrado, el dinamismo social y el desarrollo científico reaccionaron
juntos contra el Antiguo Régimen; aunque siempre a favor de una
sociedad más descentralizada en poder, más protagonista
político y socialmente que más tarde dio sus frutos en la Revolución
Francesa.
La Revolución Francesa fue y es, pues, la verdadera referencia para
nuestra modernidad: los usos y abusos de los seres humanos
fueron todos examinados (pérdidas de confianza a la
predeterminación, al orden de las clases sociales, al esclavismo
y a la servidumbre -que fue abolida-, al absolutismo o despotismo
de poder político y religioso, etc.) y también significó el optimismo
claro por una sociedad mejor que se enalteció popularmente por
encima de cualquier regla, de cualquier prejuicio decretado, e incluso
de cualquier institución.
La Revolución Francesa fue una ruptura no esencialmente con las
desgracias que luego acompañarían al ser humano, sino con la
desgracia fundamental de no poder disentir, de no poder decir no
y resignarse.
Camus decía que si falta sentido a la existencia es porque falta
rebeldía, es porque falta el no querer organizar lo organizado de
otra forma; en definitiva, una organización social determina
"eternamente" mientras que el ser humano no esté decidido a
cambiarla: su resignación es su propia traición.
___________________ Nota: No es que la Contrarreforma fuera una oposición al
clericalismo, sino que supuso un punto de partida diferente
-una oposición al inmóvil estado anterior solamente dogmatizado-.
*José Repiso Moyano es escritor.
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