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Domingo, 7 de diciembre de 2003
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COLABORACIONES
La recesión del modelo imposible por JOSÉ REPISO MOYANO*
La ciudad industrial -que liberó la sociedad del sistema autárquico
medieval- climatizada por una burguesía mercantil rompedora de
todo lo preestablecido oligárquicamente abre el camino a lo que hoy
llamamos capitalismo, con dos pilares que lo fundamentan: el libre
mercado y el consumo arbitrario.
Ahora bien, si el cristianismo -u otra religión paralela- instigó
revolucionariamente un modelo de bondad -de dar- y de justicia
social -de permitir- que ya nunca se borrará en la memoria
colectiva de cualquier sociedad, el capitalismo sólo significó el
uso y abuso de un nuevo poder centralizador de los bienes que,
si bien en los países que lo dirigieron se repartió algo más, las
medidas explotadoras y expoliadoras, autoproteccionistas con
políticas bilaterales -arancelarias, de deflación de precios, de
restricción de divisas, de control de la balanza comercial favorable
siempre a la manufactura, etc.- protagonizó un sistema que poco
a poco esquilmaría a los otros que habitan en el mundo y que son
la inmensa mayoría.
En consecuencia, la inmensa mayoría ha estado resistiéndose a
un orden impuesto que, desde el principio, establece el mando o
las ventajas de unos privilegiados; que, desde el principio, no
puede impugnar más defensas que las que ya les han dibujado
ellos -y los sabiondos que trabajan para ellos-.
Pero la base, el mercado libre, nunca pudo existir ni podrá existir
como libre.
Ellos mismos se retractarían o lo demostrarían en sus acciones:
limitarían una y otra vez lo que de libre quisieron exonerar. Y lo
hicieron a su favor, ideando un egoísmo intrínseco de régimen
comercial o fiscal "despelotándose" en el monopolio y en la
contingencia de importaciones. Una de dos:o los países pobres
aceptaban este régimen de monopolio en el cual se hundirían o
no lo aceptaban, algo que los hundiría también -aunque un
poco menos-.
A partir de la Primera Guerra Mundial, la creación de instituciones
económicas limitaron aún más lo que de libre quería exonerar este
mercado libre. Desequilibrándose todo buscaban el equilibrio
económico abandonado y limitaron más al mercado libre con más
reglas, reglas que pretendían paz para ellos más que justicia para
otros.
Algunas de estas instituciones fueron la Unión Aduanera Europea
y la Sociedad de Naciones que terminaría disolviéndose.
En definitiva, estamos aún en este proceso: de limitación a
limitación porque el sistema capitalista -impuesto, claro- da de
cabeza contra su propia incoherencia, una incoherencia que
se puede resolver sólo con más y más limitaciones; ya que la
libertad no es "su paz", sino que las reglas se ocupen también
-con un método de reconocimiento- de las desventajas de los
otros.
*José Repiso Moyano es escritor.
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